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Crónica desde el Dorsal: Ultra-Trail du Montblanc

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Hace unos días se celebró en el pueblo de Chamonix una de las carreras más prestigiosas e importantes dentro del panorama del Trail: The North Face Ultra-Trail du Montblanc.  Estuvimos allí para contarte cómo se vive desde dentro la prueba reina de la montaña en los Alpes.

Con una organización y logística espectacular, durante una semana entera se disputaron las diversas distancias que componen la estructura de pruebas del North Face Ultra Trail del Montblanc, empezando el lunes con la PTL de 300 km con 26500 metros de Desnivel positivo (D+) y acabando con la salida el viernes por la tarde de la mítica UTMB de 168 km con 9700 D+. En este artículo nos centraremos en esta última prueba, por ser la más mítica y famosa, y porqué no decirlo, la que yo corrí.

La UTMB es la carrera que casi cualquier apasionado al trail y especialmente a la larga distancia, le gustaría correr algún día, o como en mi caso y el de muchos, es el objetivo a largo plazo que uno se plantea cuando empieza a correr este tipo de ultramaratones.

Ya para poder participar, la cosa no es sencilla. Debes de haber acumulado una serie de puntos en otras carreras previas durante los dos años anteriores, con lo que se garantizan que corra gente con algo de experiencia. Quizás por ese motivo, el número de corredores que acaba la carrera es bastante elevado. Una vez acumulado los puntos suficientes, se debe participar en un sorteo de casi 8000 personas para los 2300 que finalmente tienen dorsal para correr la carrera. En mi caso, después de 4 años corriendo ultra-trails y después de dos intentos de participar, por fin este año conseguí el tan deseado dorsal.

Ya de por sí, la distancia asusta, son 168 km, o lo que es lo mismo 100 millas, con un desnivel nada desconsiderable, 9700 metros positivos.

Crónica

Fué el viernes por la tarde a las 17:30h, justo 5 minutos antes cuando se puso a llover y dieron la salida a los participantes de la Ultra. Un momento muy emotivo, por el que se me pasó por la cabeza todo lo vivido y sufrido antes en otras carreras para poder tomar esa salida. Un sueño que se hacía realidad. Estaba a punto de empezar lo que para muchos era la meca del Ultra Trail. Una salida que se alargó durante unos diez minutos debido al número de participantes, cosa que agradecí ya que así pudimos disfrutar aún más del ambiente y los ánimos de todo un pueblo volcado.

Una primera lluvia corta con un ligero parón y de nuevo vuelta a llover, hicieron los primeros estragos en el recorrido que se volvió algo duro y deprimente por la dificultad de un terreno embarrado y lleno de agua y que minó la moral de algunos y dejó los pies tocados de otros, justo en unas primeras horas que siempre uno prefiere que pasen sin demasiadas dificultades.

Pronto encendimos los frontales, y por suerte dejó de llover cosa que subió el ánimo (en carreras tan largas, cualquier pequeña buena noticia es un buen subidón de moral) a todos los participantes. Justo en ese momento llegamos al primer avituallamiento con asistencia “Les Contamines” después de una bajada llena de caídas debidas al barro.

Una parada relativamente rápida para cambiar calcetines y ropa y seguimos nuestro largo camino. En mi caso hasta por la mañana del día siguiente no volvería a recibir asistencia ni a ver a los familiares que me acompañaban, así que quedaba una larga noche “solo”. Y lo pongo entre comillas porque a esas alturas de la carrera el número de participantes que iban al mismo ritmo era impresionante, así se produjo una de las mejores imágenes de la noche: la subida al “Col de la Seigne”. Un haz de luz en forma de Z iluminaba toda la subida hasta el punto más alto, gracias a los más de 1000 frontales de todos los participantes. Hasta ese momento y debido al recorrido mayoritariamente con bosque en los lados, había sido bastante aburrido debido a que prácticamente no se tenía ninguna vista que no fuera la propia pista forestal por la que estábamos andando. Una vez completada la subida de casi 900m D+ empezó la bajada hacia “Lac Combal” en el km 64. Otro de los momentos preciosos ya que coincidió con los primeros rayos de sol y en los que se empezó a vislumbrar a mano izquierda el majestuoso Montblanc, vista que ya no perderíamos durante muchas horas.

Ya en tierras italianas, el siguiente objetivo era llegar al pueblo de Courmayeur, casi a la mitad del recorrido en el km 77 y punto de asistencia grande después de toda una noche. Allí llegué sobre las 9:15, recuperé fuerzas y salí dispuesto a afrontar quizás dos de las subidas con más desnivel del recorrido: el tramo al “Refugio Bertone” de 800m D+ y los 900m D+ desde “Arnuva” al “Grand Col Ferret”.

Aproveché los útlimos rayos de sol para entrar en Suiza y emprender una bajada muy larga de unos 20 km para llegar al siguiente avituallamiento con asistencia en el km 122 en “Champec-Lac”. Un pueblo que parecía precioso con un gran lago, pero que la oscuridad ya no me dejó disfrutar. Allí llegué algo tocado físicamente pero de nuevo reencuentro con los familiares para subir la moral y algo de descanso para afrontar la parte final de la carrera.

A la salida de “Champec-Lac”, me planteé la última maratón en tres tramos (las 3 subidas de unos 900 D+ que quedaban), así fui pasando el primer tramo hacia “Trient”. Nueva reunión con los familiares y despedida ya hasta que llegara a la meta y ya con bastante subidón de moral porque ya casi lo tenía a tocar; era cuestión de no hacerse daño y seguir al mismo ritmo. Siguiente parada en el pueblo de “Vallorcine” en el km 149. De momento todo bajo control, ya solo quedaba una subida fuerte y una larga bajada hacia Chamonix. Salí del avituallamiento sobre las 5 de la madrugada y empecé a subir hasta “Tête aux Vents”, esta fue la subida más técnica que encontré en el recorrido. Una subida con mucha piedra pero que sorprendentemente subí con mucha fuerza, seguramente motivado por ser la última. Una vez en la cima, ya solo quedaba una larga bajada. El frío, la segunda noche sin dormir y las piedras húmedas hicieron bastante complicado este primer tramo de bajada hasta el refugio de “La Flégère”. Una vez llegado allí ya solo quedaba una larga bajada hacia Chamonix. Una bajada que, aunque algo tocado por un dolor en la tíbia, disfrute imaginándome la llegada a meta y con ganas de ver a los familiares de nuevo para abrazarlos.

Y así fué, llegada a Chamonix después de casi 39 horas de carrera y dos noches sin dormir, por fin pude pasar por el arco de llegada y abrazarme con todos los familiares y disfrutar de la experiencia de terminar un reto que surgió hacía ya unos años y que por fin pude completar.

Quizás no es la carrera más bonita que he hecho, ni quizás la más dura, pero poder haber cumplido este sueño me hace sentir muy feliz y orgulloso de mi mismo.

@danics81

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About Author

Dani Calvo

Barcelona 1981. Técnico en Emergencias y Entrenador Personal. Apasionado del Run y el Trail Running de larga distancia. Triatleta Popular. "Todo es posible con esfuerzo y sacrificio"