La crónica desde el dorsal de la meca del triatlón, el IRONMAN HAWAII

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Con la resaca de un espectacular Campeonato del Mundo Ironman, hoy compartimos la narración en primera persona de un ilustre participante de grupos de edad que lo ha vivido con especial ilusión, Iván Herruzo.

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Como muchos sabéis, participar en el Ironman de Kona no es fácil, pues uno debe clasificarse previamente mediante un sistema de grupos de edad que van de 5 en 5 años y en cada Ironman clasificatorio existen una serie de plazas a repartir las cuales van realmente caras ya que el nivel hoy en día en la franquicia es muy elevado.

En mi caso, conseguí esa plaza en el Ironman de Sudáfrica el pasado mes de abril, hecho que me permitió descansar bien y poder completar un buen bloque de entrenamientos que me hacían llegar a Kona en la mejor de mi forma posible hasta ahora.

Una vez llegamos a Hawai, un servidor, mi esposa y dos niños de 1 y 5 años respectivamente, tras un largo y cansado viaje, teníamos 8 días por delante antes del big day. Con ello podríamos aclimatarnos bien a la calor y humedad extrema y sobre todo al cambio horario que era exactamente de 12 horas respecto al nuestro de casa.

Un debut en Kona siempre hay que disfrutarlo, y para mí, que era mi decimotercero ironman, me lo planteaba como si fuera un “redebut” en la distancia, pues las sensaciones, los nervios, la ilusión eran muy comparables la primera prueba que hice en 2006 en Zurich.

Los días previos a la carrera asistí a absolutamente todos los eventos asociados al evento, no quería perderme ni uno, travesía de 3.8km, desfile de las naciones, carrera en calzoncillos, pasta party, Ironkids, Barbacoa Argon, Iron city, pero sobre todo lo más impactante era nadar a las 7 de la mañana en el Pier, donde cientos de triatletas, nos concentrábamos en un pequeño espacio que parecía un hervidero de deportistas.

El día de la carrera llegó, y a las 3 de la mañana ya estaba desayunando, pues quería ir con tiempo a aparcar el coche, ya que íbamos los 4, con carrito del peque, etc etc y quería dejarlo cerca de meta por si mi mujer lo necesitaba, y empieza todo el protocolo pre IM.

Marcaje de numero en brazo, vaselina, dejar bidones en bici, zapatillas ancladas, hinchar ruedas, es brutal el trato y el que hayan 6000 voluntarios para 2300 triatletas únicamente.

Tras saludar de nuevo a la familia, que pobres, vaya madrugón se metieron para estar conmigo en la salida, me coloco detrás del arco que accede al Pier, y el primer momento mágico fue el bajar esas escaleras que te llevan a la playita, esa imagen que tantas y tantas veces he visto en videos y que por fin yo era protagonista de ellas.

Tras estar unos 10’ flotando en el agua, y colocarme algo a la izquierda de la línea central para evitar golpes aun nadando algunos metros de más, dan el cañonazo literal de salida. El circuito es un rectángulo, de ida y vuelta, y la verdad es que toda la ida las sensaciones fueron buenísimas, todo y no haber calentado nada, aunque la vuelta se me hizo larga con algunas molestias lumbares que me hicieron parar a estirar un par de veces, que por suerte no fueron a más durante la carrera.

Salgo del agua en 1h02’ que para mí sin neopreno es genial y transiciono, una carpa pequeñita donde eso era un enjambre de triatletas, apenas había espacio para pasar, me pongo los geles, los calcetines, y corro hacia la bici, dando un rodeo larguísimo por todo boxes, que me hace salir con la bici en algo más de 4’ en boxes.

Los primeros km son por las calles de Kailua, bastante curveado y con mucha trafico incluso nervios, yo me coloco a la derecha y me limito a abrumarme con el ambiente, se me dibuja una sonrisa en la cara que me dura al menos 20’ hasta que enfilamos de nuevo Queen K donde empieza el verdadero circuito IM de ida y vuelta.

La gente me adelanta a unas velocidades inhumanas, yo voy muy suave, a unos 200/205 watios, aunque no hace casi viento y la velocidad media es muy alta, sobre el km 40/45 pienso que esto va a ser un circuito rapidísimo, iluso de mí, pues en el 50 alguien abre la puerta del salón de golpe y el viento racheado cruzado hace acto de presencia,  pienso… Welcome to Kona  Rayo.

Desde el km 50 hasta el 85/88 que es el punto de giro de Hawi hay mucho tráfico, no es un pelotón pero realmente no se cumplen las distancias, pues no hay espacio material donde meterse, en mi caso como no estaba compitiendo a mi máximo nivel, estaba más pendiente de buscar espacios libres que de mi potenciómetro, pero llegando al punto de giro, con una subida de 5km al 3/4km algo cansado de ver gente pasarme y hago 20’ a 260 watios medios y me voy de un grupazo muy feo que llevaba alrededor, y así rompo una dinámica de ser pasado constantemente a ser pasador.

Empiezo a enchufarme a la carrera, de vuelta la bajada de Hawi hay que pedalear ya que hay mucho viento cruzado racheado que te puede tirar en cualquier momento, y estoy concentrado, comento la jugada con Javier Perez, segundo Kona y de quien sé que es un grandísimo triatleta, y lo mantengo de referencia ya que él también está yendo a más, aunque sin querer, lo paso y hago toda la vuelta con unas sensaciones preciosas, muy contenido, sin pasar nunca de 220 watios, aunque adelantando a mucha gente que va muerta, desacoplada, y ya con mucho más espacio entre triatletas siendo más fácil adelantar.

Llego a T2 muy entero,  con un parcial de bici de 5h07’ cuando mi idea era irme a las 5h20’ para guardar más de cara a la maratón, pero creo que he regulado bien pues me salieron 211 watios medios, 15 menos que en Sudáfrica en Abril donde luego fui capaz de hacer 3h16’ en una calurosa maratón…. Iluso de mi…aquí sería bien diferente.

Me cambio calcetines, pues los llevaba empapados desde la T1 con suelo mojado se me encharcaron solo corriendo por boxes e hice toda la bici con calcetines mojados, cojo gorra, geles, sales, mis shots 32gi cafeína y a correr.

Sabía que la maratón consistía en dos partes muy diferentes, una por Ali drive de 15km con mucha sobra, muchísimo ambiente, que si allí te cebas, luego en la Queen k, eres hombre muerto, pues no existe ni una sombra y hay que guardar mucha energía al principio.

Salgo a 4’40’’ el km que para mí es ir muy parado, y hago todo Ali Drive concentrado en regular lo máximo posible, y enseguida veo que esto va a ser muy muy épico, ya que todo y que he guardado mucho el sol te quema literalmente, hago todo ida y vuelta de Ali Drive bastante fácil, pero mi cuerpo me envía señales que esta maratón no será como las últimas realizadas.

Llego a Kona de nuevo, y subo Palani, que es una recta de 300 metros al 18% donde paro un minuto a hablar con la familia, un momento muy entrañable que guardaré siempre en mi memoria, al irme mi mujer me pregunta como estoy  y le digo que no demasiado bien para ser el km 15 solo…presagio de lo que sucedería, ya que al entrar en la Queen k, el sol abrasa todo lo que se mueve y a mí que me encanta el calor, noto como me quema el cuello y los brazos, en cada avituallamiento me pongo cubitos debajo de la gorra y los reparto por la cabeza, la nutrición está yendo bastante bien y mis problemas típicos de gemelos parece que no acechan.

 Me cruzo con Raña, le doy ánimos, con Eneko, que va mal, pero aguanta, con Frodo a quien le digo “ Always finishing, y le hago reverencia” él se inclina hacia mí y se toca la gorra en acto de respeto, y alucino con estar allí y comunicarme con ellos, me vuelvo a centrar en lo mío que tengo faena.

Por fin entro en Energy Lab, donde hay una bajadita que corre la brisa, y se agradece enormemente, punto de giro donde me marco un baile a lo Ganga style y los voluntarios se vuelven locos animándome, pero la subida de de Energy lab hacia Queen k ya las sensaciones son de ir por encima de 5’km, no ando ni un metro, pues sé que puedo bajar de las 10h pero mi objetivo era ganar yo al Ironman de Kona, sea el tiempo que sea, y ganarle es no andar, lucharlo de cara, mirarlo a los ojos y vaciarme en él.

Llego de nuevo a Queen k y los amagos de rampa en gemelo son constantes, como el ritmo es de chiquito de la calzada no llego a acalambrarme, pero me he de concentrar mucho como pongo el pie, ya que cada paso es una pseudo rampa, y a cada persona que me encuentro en el camino le digo, man, we are crazy¡¡¡ En esos momentos realmente es mejor no pensar demasiado, ya que el tema es muy gore.

Los toboganes son larguísimos y las rectas te hunden en la miseria, has de concentrarte bien en lo tuyo ya que si miras adelante te pones a llorar. Sobre el km 35 me encuentro francamente mal, ya no es cansancio es un malestar raro y me doy cuenta que necesito ir al servicio urgentemente. Ando unos 10’’ y pienso, noooo Rayo, no puedes andar, no te puede ganar Kona, veo un avituallamiento a lo lejos y me dejo la vida para llegar en el antes de hacérmelo encima.

Una vez fui de vientre, las sensaciones mejoraron exponencialmente, solo quedaban 3km y la entrada a Kailua bajando Palani es algo que no olvidaré jamás, y la vuelta por el pueblo antes de Ali Drive, volando a gran ritmo, tocando la meta con los dedos, es algo que se queda garbado en fuego para siempre, la entrada ya el no va más.

Llegada, finalmente 3h34’ de maratón para 9h53’12’’, un sub 10 precioso que lo decía los días de antes con la boca pequeña pero que para mí era el mejor de los escenarios posibles.

Dos voluntarios me dan toalla, collar y me acompañan hasta la entrega de medallas donde hay avituallamientos, recoverys, etc etc, un servicio que se paga caro, con una inscripción de 990 dólares, pero que os aseguro que le da mil vueltas a cualquier Ironman de la Franquicia en trato, avituallamientos y servicio al triatleta.

Un ironman duro, no demasiado bonito en bici y el run pero que  su gran valor añadido es el trato al deportista y la actitud de los voluntarios que es realmente espectacular, que bien que lo hacen estos Yankies…

Volveré.

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