Damián Vindel, un piragüista olímpico camino a Hawái

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Se dedicó en cuerpo y alma y consiguió como recompensa un diploma olímpico en Atenas 2004. El piragüismo fue su vida durante años, y ahora dedica sus esfuerzos al triatlón, donde ya ha mostrado grandes cualidades en larga distancia. Con la clasificación para el Campeonato del Mundo Ironman entre ceja y ceja, Damián Vindel es un todoterreno físico y mental. Su única poción mágica: disciplina, constancia y pasión.

Te inicias en triatlón y pronto te marcas objetivos muy ambiciosos. ¿La confianza te la trae la experiencia?

Me inicié en triatlón con el objetivo de hacer un paréntesis con el piragüismo, para seguir haciendo deporte. Pero Ana (Ana Ruz, su mujer) me había dicho varias veces de hacer algún triatlón por probar, y nos animamos. Y nos enganchó de una forma que no esperábamos. Al año me fijé en la distancia Ironman, y como no conozco otra forma de hacer deporte que al máximo… se me puso Kona entre ceja y ceja.

La intensidad del piragüismo o la resistencia del triatlón. ¿Dónde se sufre más?

Creo que no he sufrido nunca tanto como entrenando encima de una piragua. Pero no es solo intensidad. Se hace también mucho fondo y se complementa con otros deportes para hacer trabajo aeróbico.

El 28 de agosto de 2004 logras un diploma olímpico en Atenas en K2 – 500 metros junto a Francisco Llera. ¿Qué supone ese resultado?

Culminar una vida prácticamente dedicada a un deporte minoritario. No se puede expresar con palabras, es algo mágico que hay que vivir. Creo que nunca he sufrido tanto en los entrenos ni he hecho nunca tanto volumen e intensidad. Tantas horas de esfuerzo para tres series de 1’30 a lo largo de cinco días.

La tradición familiar te lleva a subirte a una piragua con 8 años. ¿Qué te aporta esta época compitiendo al más alto nivel?

De todo. En lo deportivo me aporta orden, concentración, disciplina, control… Mi madre siempre dice que soy un poco alemán (ríe). En lo personal, conocer mundo, experiencia y sobre todo amistades con compañeros y entrenadores. Mis mejores amigos los he hecho en esa época.

¿Cómo son los primeros días de un deportista de élite tras colgar los bártulos?

Creo que lo he sobrellevado bien, dentro de lo que cabe. Te sientes un tanto desamparado, que has dado los mejores años de tu vida para defender a tu país y luego solo los verdaderos amigos se acuerdan de ti… Cuando en 2008 no conseguí la plaza para Pekín, me quitaron la beca ADO. Menos mal que tenía ahorrado y no tardé en encontrar trabajo. Pero deportivamente fue bien, seguí compitiendo con el club a nivel nacional con un nivel bastante aceptable durante algunas temporadas.

Aún haces de palista cuando compites en cuadriatlón, donde sumas dos podios nacionales. ¿Cómo descubres esta modalidad?

Mi entrenador, Jorge Ortega Diez, me avisó que existía y luego ya fue todo rodado. Es una disciplina que no preparo hasta dos semanas antes de la prueba ya que siempre me suele interferir en la planificación para Ironman.

Tu debut en LD es en Ironman Lanzarote. ¿En algún momento sientes miedo a no cumplir con tus aspiraciones?

La verdad es que no. Pese a ser mi primer Ironman, me marco una meta muy alta como es intentar clasificarme para Kona. Tenía claro que era muy difícil pero es lo que tiene haber sido deportista de alto nivel. Además fue en plan indio, sin cabra ni biomecánica. Disfruté como un enano y me enamoré de la distancia.

El año pasado en Ironman Mallorca te quedas a dos minutos de conseguir el billete para Hawái en tu GGEE. ¿Cómo logras adaptarte tan bien a la distancia?

Siempre he tenido mucho fondo, muy buen motor. Siempre se me ha dado bien correr aunque no me gustaba. Pero algo fundamental para encajar todas las piezas era el entrenador. He tenido muchos pero me quito el sombrero con mi entrenador Jorge Ortega. Para mí hace arte en las planificaciones. Y de todo ello se explica la rápida adaptación.

¿Esa clasificación es tu prioridad deportiva para este año?

Sin duda. Lo intentaremos a tope de nuevo, pero si no saliera tampoco me va a suponer un bajón. Tengo muy claro que, aunque me lo tomo muy en serio, lo hago sobre todo para disfrutar. Este año lo intentaré en Ironman Italia.

Compartes casa y aficiones con tu mujer, Ana. ¿Cómo gestionan el día a día dos personas tan activas?

No es fácil porque los dos trabajamos. Lo gestionamos viviendo un poco en plan cueva (ríe). Salimos muy poco de casa para otras cosas que no sean entrenar. Y tenemos entrenos diferentes así que es difícil coincidir.

Renunciamos bastante a la vida social y a los amigos pero es que si no entrenamos en dos o tres días, nos subimos por las paredes. La LD es más dura de entrenar en cuanto a horas, menos mal que Ana me quiere y me entiende.

Dices que el deporte es una enfermedad sana. ¿Alguna vez has notado las consecuencias de llevar este ritmo durante tantos años?

De momento no pero muchas veces pienso que en el futuro lo notaré. Es mucha leña al cuerpo y el deporte es sano hasta cierto punto. Espero que al tener un buen motor no me afecte tanto… Ya veremos.

¿Con cuál de las lecciones que te ha dado el deporte te quedarás cuando mires atrás?

Primero, que en el deporte siempre hay que darlo todo. Y segundo, y muy importante, si estás en un equipo nunca dejes tirado a un compañero. A mí me lo han hecho y es una sensación de impotencia que no le deseo a nadie.

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About Author

Mataró, 1992. Graduado en Periodismo por la UAB. Atleta popular o algo parecido. Amante de los deportes y de la política. Atletismo y triatlón en vena.