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Crónica desde el dorsal: rozando un último puesto que sabe a gloria en Pure Triathlon 113

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Habrá muchos triatletas para los que un medio Ironman sea un trámite y no lleguen nerviosos pero para los que es la cita señalada del año, es algo más que otra carrera. Así llegamos al Pure Triathlon de Marina D’Or para cerrar el año y sacar todo lo que habíamos entrenado desde meses atrás…

Con la salida prevista a las 9.05 para los de la distancia Half, nos despertamos a las 6:45, duchita para activar, desayuno y a llevar las bolsas a la transición. Como siempre se recomienda no hay que innovar así que pan con aceite, plátano y, por curiosidad  y retando a la diosa fortuna, probé el muesli y un poco de leche de avena. No hubo problemas.

Dejamos las bolsas de material en la carpa, sin mucho control, todo sea dicho, y volvemos al apartamento a relajarnos 40 minutillos antes de bajar a la cámara de salida. Relajarse es una manera de decirlo porque en ese rato dudas hasta de que hayas dejado tu bici en la T2. ¿El casco lo metí en la bolsa? ¿Llevo los geles? ¿Tengo el chip? ¿Sé nadar? Sí, cualquier duda es entendible así que lo mejor era ir a la playa y esperar la salida…

La playa no relajó mis sensaciones… Olas, muchas olas. Lo reconozco, el mar no me encanta… o para ser más sincero, no me gusta. Sé que tengo que hacerlo pero no cojo confianza y menos con las olas que había, grandes, en la orilla, a lo lejos… He hecho surf (quiero decir que me he hecho fotos de postureo con tablas de surf) en lugares con olas más tranquilas…

Por si la tensión previa la carrera y las olas no fuera suficiente… Se retrasa la salida por un ‘supuesto’ accidente y hasta que la guardia civil no de el Ok no se puede salir, algo similar a lo ocurrido el primer año… El accidente debió ser entre 50 coches porque dos horas se retrasó la salida, con lo que todo eso conlleva, y se cambió de distancias en el IM recortando una vuelta al ciclismo, algo que después de entrenar un año no es de recibo…

En fin, que dieron la salida y al agua… No soy de los de entrar a lo loco, casi lo contrario, así que fui como cuando haces carreras pequeño con tus amigos, pero a cámara lenta, muyyy lenta… Con las olas de la orilla apenas se podía nadar así que tocó bucearlas, ponerse de pie y saltarlas pero vamos, hasta bien entrado en el mar no conseguías nadar.

A partir de ahí a seguir el lío de boyas que la organización había montado. Que si triangulares, que si cuadradas, que si alargadas… menos redondas como las de toda la vida allí estaban todas las figuras posibles. Como no fui primero no hubo problema, tocaba seguir a la masa y pelearte con ella… madre mía lo que recibí.

Entre las olas de lado que te subían y bajaban como si estuvieras en una atracción de feria y los bocadillos y patadas que me llevé, estuve a punto de apartarme de la masa y desarrollar mi ya típico y tradicional nado a espaldas pero… no lo hice. Primer triunfo en la prueba. A cambio tragué agua, nadé en ocasiones a braza (aunque muy muy poco), y seguí un recorrido que se me hizo eterno…

Pure Triatlon decidió customizar las distancias a su antojo y sin aviso previo así que la natación le salió a todo el mundo 2.300 metros… Terminada en 43 minutos pero ojo que para como estaba el día no está nada mal. Mi única similitud con Phelps es que ambos somos humanos, o quizá ni eso….

En la transición voy a la carpa para cambiarme y me siento para hacerlo más rápido, ah no, que no hay bancos. Aquello parece un mercadillo en el que 200 tíos se están quitando un neopreno a la vez, que no es sencillo, alguno haciendo ‘eses’ por el mareo del mar… y yo tardo en hacerla seis minutos. Me debió faltar mirarme al espejo a ver si iba guapo para las fotos, que no falte el postureo.

Cojo la bici y a rodar. Los primeros kilómetros voy bien, adelanto a pocos y me adelantan muchos pero eso estaba previsto. No es mi fuerte y el objetivo es mejorar, mejorar y mejorar. Con los acoples en la bici voy a gusto (no puedo decirlo hoy que tres días después tengo los hombros y la espalda para regalar), y con mis referencias trato de llevar un buen ritmo. A todo esto me adelanta un tipo con los cascos y música, ese sí que tenía que llevar ritmazo… ¿eso no está permitido, no? Pues pasaron motos de oficiales y ni una palabra…

Al subir el primer puerto la carretera cambia y el asfalto pasa a ser un camino de cabras… y no por el tipo de bicis aunque hubiera muchas. Lamentable y vergonzoso que una carrera se desarrolle por ese asfalto, que, para terminar la gracia, acababa con una rampa en la que vi a más de uno bajarse de la bici. Bien que sea duro, pero al menos que se pueda rodar… La gente echaba/mos el higadillo pero corononamos.

A partir de ahí un terreno con un falso llano y un nuevo puerto que va más a mi nivel, más tendido y menos explosivo. Tras llegar al alto llega la bajada, algo técnica pero con un ciclista delante que te marca las trazadas se hace más sencillo hasta que un sonido seco, “PAFFFF”, acompañado de la perdida de adherencia de mi rueda delantera hace que tenga que parar… PINCHAZO.

Vaya putada, no es que sea yo un excelso mecánico pero vamos a ello. Utilizo la otra cámara que llevaba y mientras la arreglo, un par de ciclistas se van al suelo porque la curva se las traía… Les pregunto si necesitan ayuda pero es solo el golpe y el susto, así que después de arreglar mi rueda (no, no fueron cinco minutos) continúo bajando el puerto…

Empiezo a rodar, cojo algo de velocidad y a los 200 metros… PAFFFF , ese mismo sonidito, mismo derrape en la rueda, misma tensión y pie al suelo, ya sin cámara de repuesto, cagándome en todo. No pasa nada, llevo parches, por infraestructura no será. Saco la cámara, busco el pinchazo, lijo la superficie, pongo el parche… pongo bien la cubierta, hincho la rueda, la coloco (e insisto, esto que se lee en cinco segundos se desarrolla en casi 20 minutos, no todo me sale a la primera), y me subo de nuevo a mi Giant gritando, intentando subirme el ánimo y ganar un poco de adrenalina en la bajada. “Vamos coño que no te va a parar nadie y tú terminas esto”… y no había terminado de pegar los berridos correspondientes cuando os podéis imaginar el ruidito que escucho… Sí, ese mismo: PAFFFF .

Reconozco que aquí algo de culpa debí tener yo, o no limpié bien la cubierta o pellizqué la cámara o vete tú a saber pero de nuevo la llanta resbalando por el asfalto, no me caigo de milagro y me faltó echarme a llorar en el arcén o tirar la bici por el precipicio… Así que desmonté la rueda entera: llanta por un lado, cámara por otro, cubierta por otro y con la funda de las gafas que las llevaba en el mono limpié todo como si fuera lo último que haría en mi vida. Los ciclistas preguntaban si estaba bien y los oficiales y jueces que si me retiraba… y yo arreglándola y pensando que quizá era lo lógico, retirarse.

Continuo con la P*** rueda y un nuevo oficial para la moto a mi lado… “No vas a pasar el corte de ciclismo… “, me dice y le digo que si no lo paso supongo que intentaré llegar a la transición (me quedaban 5 km) y ahí ya lo dejo. Me dice que ok y que se lo diga al siguiente juez que vea… No sabía la ayuda que me estaba haciendo sin marcarme como descalificado en ese momento.

Arreglo la rueda y ya sin adrenalina, ganas, ni ‘na de na’ empiezo a bajar el puerto a 10-15 por hora por miedo a otro pinchazo y a acabar en el suelo pero resulta que no pincho… Llego al llano y veo que la bici responde y en la zona de transición, cuando me tenía que ir a la T2 y retirarme… “Hemos venido aquí a competir y a  disfrutar, pase lo que pase, así que tira recto y si te paran ya te pararán”. Una hora y 15 minutos había estado en modo mecánico, lamentable pero peor hubiera sido no intentar seguir…

Continué en carrera con la cabeza del revés, sin aspiraciones a nada y por respeto al deporte. Lo que dicen los pros de Hawaii yo me lo aplique en Marina d’Or (si algún día llego a Kona no sé qué haría) y cuando estoy rodando se me pone una moto al lado y me pregunta si es mi segunda vuelta. Respondo que sí por educación, porque si llega a ser la primera hubiera hecho la natación en cuatro horas y estaría en Ibiza pero veo que se queda detrás mío…

“¿Voy último no?” pregunto y me dice que sí y en vez de hundirme disfruto… Siendo sincero nunca pensé que fuera a serlo y me parece tan complicado como ser primero pero oye, ahí estaba yo cerrando la carrera, sin nadie por detrás y quién sabe dónde estaría el de delante… Pasé a dos triatletas más de mi disciplina y empecé a disfrutar de nuevo en la bici para terminar los 97 kilómetros, que aquí también se le fue el GPS a los del Pure Triatlon, en 04:51:28.

Mal y tarde llegué a correr y en la carrera sin aspiraciones es difícil exprimirse al máximo así que fui un poco al tran tran, a 5:25-5:30 charlando con otros triatletas y haciendo paradas en los avituallamientos y cuando mi desesperación crecía. En mi primera vuelta todos me decían “ya no te queda nada”, hasta que les contaba mi odisea y su cara era un poema pero disfruté y pude ver cómo corren los grandes de la prueba como Iván Álvarez o Moi Vidal…

Cuando el reloj de meta marcaba 8:13:45, yo cruzaba la meta con un tiempo real de 07:39:43 y para terminar el recochineo, la que da las medallas pregunta si me tiene que dar la medalla de distancia Ironman o de medio… “¿Estas de broma? Tengo cuerpo de haber quedado a 10 minutos de Iván Álvarez?”. Me ponen mi medalla, la del 113, y pese a ser último de mi grupo de edad, sexto por la cola y estar muy lejos del objetivo del sub 6 que tenía en mente en el Pure Triathlon, disfruto de la medalla más complicada que he conseguido y me siento tremendamente contento y orgulloso de lo que había hecho.

 

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About Author

Alberto Soler

Madrid 1982. Empecé INEF y terminé periodismo. Ahora deportista popular por no decir globero. Cuando empecé esta aventura apenas había nadado en mi vida, no tenía bicicleta y no había corrido más de 10K... Ahora sueño con el Ironman de Lanzarote.